La
temporada 88-89, con Arsenio en el banquillo y prácticamente
la misma plantilla, salvo el fichaje del brasileño Raudnei,
se realizó una gran campaña en la Copa del Rey, pero
la mala suerte impidió el tan merecido ascenso. Por fin se
saneó la economía. La racha de balances negativos, que
durante tantos años soportó el Club, finaliza y se produce
el primer superávit.
Con pocas novedades y condicionados por la todavía débil
economía del Club, se afronta la temporada 89-90. El equipo
devuelve con creces el apoyo y mimo de la cada vez más numerosa
y volcada afición. Después de mantener una trayectoria
por encima de la mitad de la clasificación, aprovecha al máximo
sus posibilidades y se cuela en la fase de promoción de ascenso
a Primera División. Era el año del estreno de Martín
Lasarte, Sabín Bilbao, Sredojevic, Batrovic y el búlgaro
Stoyanov, entre otros.
El emparejamiento con el Tenerife, después del empate del encuentro
de ida en el archipiélago canario, se presentaba esperanzador
pero con la duda, por antecedentes no muy remotos. Se llevó
a cabo una movilización total del espíritu blanquiazul,
obteniendo una entrega y apoyo incondicional de la afición
a su equipo. No pudo ser y otra vez más las gradas de Riazor
eran testigo de una decepción.
El
presidente insiste en que, con el apoyo de todos, el Deportivo conseguiría
el ascenso. La gestión económica volvió a brillar
con la luz del superávit y la masa social seguía ascendiendo
con 17.500 socios en Segunda División, consiguiendo un apoyo
incondicional de los más jóvenes y del público
femenino.
La campaña 90-91 se planifica con la experiencia de gente
curtida en Primera, y se suman al equipo Josu, Albístegui,
Stojadinovic, Kanatlarovski, Mújika, Villa, Albis, Uralde
y, más adelante, Djukic. Objetivo, el ascenso a Primera.
Tuvo
que ser otra vez en los últimos compases de la liga cuando
se decide el futuro del Club coruñés, pero después
de los años de sufrimiento en Segunda, se consigue el merecido
premio.
Tras ganar al Murcia el color blanquiazul se extiende por toda A
Coruña y Galicia: el Dépor era de Primera.
En la plaza de María Pita todos los coruñeses homenajearon
a su equipo. El ascenso consolidó la implantación
social del Club en toda Galicia, lo que se tradujo en el nacimiento
de numerosas peñas que traspasaron la barrera de nuestra
geografía.
La
temporada 91-92 puede considerarse de transición. Se planteó
con una mezcla de veteranía y juventud, con Claudio, Ribera,
López Rekarte, Canales, Liaño, Kirov, Kiriakov, etc.,
como bandera de un grupo humano dirigido por Marco Antonio Boronat,
quien antes de terminar la temporada dejaría la batuta a
Arsenio con la papeleta de salvar al equipo del descenso.
En A Coruña los aficionados reciben al equipo que llegaba
de jugar y ganar la promoción como si de un Campeón
de Liga se tratase. Además de mantener la categoría,
las coordenadas económicas también eran positivas.
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