La
década de los 70 fue una década para el olvido. Se llegó
a descender hasta tercera división, el club perdió todo
el prestigio logrado años antes con mucho sufrimiento, las
deudas desbordaban a la entidad herculina y parecía que no
se encontraba remedio a los males del club en ningún sitio.
En los 80, el ascenso a primera división se convirtió
en toda una obsesión y el gran objetivo.
Por
intentarlo un fue, pero de los intentos al verdadero ascenso tuvieron
que pasar unos cuantos años. De esta manera en el año
1988 el club se ve de nuevo a las puertas del abismo cuando en el
último partido y en el último minuto. Era Mayo del
88, corría el último minuto del encuentro contra el
Racing de Santander y Vicente logra batir al portero Santanderino
y dejar al club en la categoría de plata.
Ese mismo año se decide renovar al club por completo y sanear
la maltrecha economía herculina para así conseguir
la estabilidad deportiva. De esta manera se celebró en el
Colegio de los Salesianos una histórica asamblea en la que
salió elegido como presidente Augusto César Lendoiro.
Afición, jugadores y directiva se unieron como una piña
con el presidente, convirtiendo al Deportivo en el Club de todos
los coruñeses.
La
situación no era nada alentadora. La fuerte deuda, que ascendía
a 600 millones de pesetas, la mala perspectiva deportiva de un equipo
que se había salvado en el último momento del descenso
a Segunda División B y la débil implantación
social del Club, eran los problemas más urgentes.
Para intentar solucionarlos la directiva planteó una campaña
de mentalización ciudadana basada en la estabilidad y la
solvencia económica, es decir, el éxito deportivo
estaba íntimamente ligado al económico. Bajo el lema
"camina o revienta", muy utilizado por el Presidente en
esas fechas, el Club sale adelante y sobre esa base se articuló
el "milagro del Deportivo".
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